jueves, 31 de mayo de 2007
Sigamos creciendo
Acababa de descubrir que sus manos estaban arrugadas. La particular incidencia de la luz sobre ellas y el punto desde donde las observaba resaltaban los cientos de pliegues de su piel en esa zona del cuerpo. Eran las manos de alguien que seguía mirándoselas sin saber bien qué deducir de ese hecho. Meses antes también había percibido ojeras perennes bajo su mirada. Ahora y entonces, cómo se absorbieran y rebotaran los fotones sobre ellas le daba igual. Lo importante era que tenía ojeras. 'Lo bonito de crecer es que ocurre sin que apenas se advierta, y lo penoso de envejecer es precisamente que uno se da cuenta al detalle', se dijo. 'Obviemos los espejos. Miremos a otro lado. Sigamos creciendo'. Y decidió que para seguir creciendo debía dormir y comer bien, divertirse, portarse mal a ratos y no dejar de aprender, sin preguntarse el porqué de todo eso. Y volvió a nacer.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario