sábado, 26 de mayo de 2007

Hosanaa

El viejo turista que comía sonoramente un caramelo duro pagó al tendero de la plaza de S. Pedro del Vaticano con un billete de 50000 liras un precioso libro que iría a recordar toda su vida. El tendero estiró varias veces el billete y lo miró al trasluz, para luego guardárselo en el bolsillo y darle el cambio deliberadamente mal. El viejo turista no sabía como decirle al tendero que era un ladrón. Entre acusaciones, el caramelo del viejo turista golpeaba contra sus dientes, y la sonoridad de dichos golpes se apreciaba como milagrosa entre los fieles. El viejo consiguió su vuelta, y le nombraron mártir al verle quejarse de dolor de muelas de camino al hotel.

No hay comentarios: