Ayayay. La primera palabra que se me viene a la cabeza no indica nada bueno. Pero nada más lejos de la realidad. Un pesimista crónico acaba usando expresiones asociadas con la fatalidad en cualquier momento, sin necesidad de que se avecine padecimiento alguno. Desde mi sofá y con risketos a mano, la vida es padecible.
Tengo que regar las plantas antes de irme, no se me puede olvidar ir al banco a cambiar dinero.
El sueño es otra obsesión. Al no recordar mis sueños, me puedo olvidar del mundo durante un tiempo que oscila entre las 6,5 y 8 horas, en función de si me toca aburrirme o si me toca divertirme al día siguiente. Saber que me voy a aburrir al día siguiente me hace estirar los días al máximo. El cansancio consiguiente lo combato bebiendo mucha agua mezclada con café y algun que otro pitillito, que cada vez me gusta más fumar. Y ahora que necesito ensanchar mis pequeños pulmones, eso quizás no lo favorezca. Lo dicho, que tengan ustedes unos buenos días de descanso, y hagan algo.
sábado, 28 de abril de 2007
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